Se puso el sombrero luego de encender su cigarrillo. Lamentó no haber aceptado la boquilla que le habían ofrecido en la tabaquería hace media hora atrás. Se alzó con elegancia cubriendo -como de costumbre- su rostro y con él su hermosa mirada que junto a su natural coquetería causaría revuelo entre las personas a su alrededor. Ella no buscaba enamorar, buscaba ser amada... Ya de pié, se bebió el tinto de su vaso al seco. Con peculiar elegancia se dirigió a la puerta de salida con la única intención de volver a entrar... como siempre todos los días, hasta llenar su alma con la ausencia que la alcohólizaba.



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